El día que decidí publicar mi primera novela... algo cambió en mí 🦋

Hay días en los que escribir deja de ser un refugio silencioso y se convierte en un acto valiente. El día que decidí publicar mi primera novela, algo en mí se movió, como si una puerta interna se abriera sin pedir permiso. Y en ese gesto simple —pero profundo— descubrí que compartir también es sanar.

Mujer escribiendo en laptop junto a ventana con luz cálida en espacio íntimo.

Buen día, querida comunidad 💜.

¿Cuántas cosas guardamos no porque no valgan… sino porque no nos atrevemos a mostrarlas?

Siempre me gustó escribir, aunque durante mucho tiempo lo viví como un hábito silencioso, casi secreto. Era ese espacio donde podía ordenar pensamientos, sentir sin interrupciones y crear mundos que solo yo conocía. La escritura no pedía permiso, simplemente aparecía.

Desde niña, las novelas fueron una puerta abierta. Recuerdo a mi tía —que en paz descanse— hablándome de historias como si fueran reales, como si cada personaje respirara cerca. Tal vez por eso, escribir nunca fue una moda para mí, sino una forma de habitar el mundo.

Con los años, ese gusto creció, pero también se escondió. Porque no siempre es fácil mostrar lo que uno siente, mucho menos cuando está escrito. Ahí aparece esa pregunta incómoda que no siempre queremos responder: ¿Y si lo que escribo no es suficiente… o no le importa a nadie?

Esa duda pesa más de lo que parece. Se queda en el fondo, acompañando cada página que no compartes. Y sin darte cuenta, comienzas a guardar partes de ti que merecen ser vistas.

Pero incluso lo que se guarda, sigue latiendo… esperando su momento.

Escribir siempre estuvo ahí ✍🏽

Cuaderno con escritura a mano sobre escritorio con luz natural.

Siempre fui de las que observan en silencio. De las que prefieren escuchar antes que hablar —aunque ahora hablo más que antes— para luego transformar todo eso en palabras. Escribir no llegó de golpe a mi vida, siempre estuvo ahí, como una constante discreta.

Recuerdo momentos simples, como tener un cuaderno cerca sin saber exactamente qué iba a escribir. Solo sentía la necesidad. Como si las palabras fueran una forma de respirar mejor cuando el mundo se volvía demasiado ruidoso. A mis ocho años escribía cuentos, que al inicio tuve temor de mostrar, pero finalmente me animé a mostrarlo a una persona: mi papá.

Él tuvo mucho que ver en este mundo de la literatura. No directamente desde la escritura, pero sí desde el ejemplo de constancia, de hacer las cosas con intención, de siempre leer para aprender. Nunca olvidaré cuando orgulloso le enseñó uno de los cuentos que le mostré, diciéndole que tenía talento para esto, su voz de orgullo aún sigue en mi memoria. Gracias a él he aprendido que lo importante no era hacerlo perfecto, sino hacerlo con sentido.

Leer también se volvió parte de ese proceso, por herencia de mi abuelo, todos en mi familia tienen un libro en su habitación, yo tengo más de treinta libros en mi habitación. Las novelas se volvieron uno de mis géneros favoritos, aparte de los motivacionales y aquellos que hablan del cuerpo y la mente. Este género de la novela, me enseñó que una historia puede cambiarte, acompañarte o incluso salvarte en días difíciles. Y en algún punto, quise hacer lo mismo.

Pero no todo lo que se ama se muestra. Muchas veces escribía y guardaba, o no los terminaba por tiempo, trabajo u otra actividad, como si esas palabras no estuvieran listas para ver la luz. Como si aún no fueran suficientes.

Y así pasaron los años. Escribiendo… pero en silencio.

Hasta que ese silencio empezó a sentirse distinto.

El peso de lo que no mostramos: emociones y escritura ❤️‍🩹

Mujer adolescente mirando cuaderno cerrado con expresión reflexiva.

Hay decisiones que parecen pequeñas, pero con el tiempo construyen distancia. No dejar de escribir… pero sí dejar de mostrarlo. Postergar, guardar, esperar el momento perfecto.

Ese momento perfecto casi nunca llega. Y en su ausencia, el miedo empieza a tomar forma. No un miedo escandaloso, sino uno silencioso, constante, que se disfraza de prudencia.

A veces se ve así:
  • “Todavía no está listo”
  • “Cuando tenga más tiempo lo reviso”
  • “No sé si esto le interesa a alguien”
Y sin darte cuenta, lo que era pasión se convierte en algo pendiente. Yo ponía excusas como el trabajo u otras actividades, o el clásico “todavía no está revisado” y así mis novelas quedaban en la carpeta de mi laptop.

Cuando renuncié y ya no tenía de excusa el trabajo, ya no podía esconderme de publicar lo que había escrito, y no voy a mentir, me ha tomado más de un año animarme a hacerlo.

Este fenómeno tiene incluso un nombre: la procrastinación emocional, donde evitamos exponernos por miedo al juicio. La procrastinación también implica un grado de autoengaño, donde animarnos a hacer algo requiere un esfuerzo mayor que simplemente hacer la tarea.

No mostrar lo que hacemos también es una forma de escondernos. Y aunque parece protección, muchas veces es una carga invisible.

Porque lo que no compartes… también pesa. Y ese peso, tarde o temprano, busca salida.

La semana que lo transformó todo 🪫

Mujer acompañando a familiar en hospital con actitud serena.

Esa semana no empezó distinta, pero terminó cambiándolo todo. Me tocó acompañar a mi tío en el hospital, no como alguien que observa desde lejos, sino como quien sostiene. Estar ahí implicó más que presencia física: fue aprender a ser calma cuando por dentro había ruido.

El hospital tiene su propio ritmo, su propio lenguaje. Aprendí a leer miradas, a respetar silencios y a entender que cada persona carga algo más allá de lo visible. En ese entorno, cada gesto cuenta, cada palabra pesa. Pueden complementar más de esta historia en mi artículo “Lo que se aprende acompañando: reflexiones desde un hospital 🏥”.

Hubo momentos en los que mantener la calma no fue una opción, sino una decisión consciente. Descubrí que la forma en la que uno trata a los demás también define cómo el mundo te responde. Y no, no es suerte: es energía, es actitud, es intención.

Recuerdo claramente cómo pequeños actos marcaron la diferencia. Desde una enfermera que ofrecía soluciones con empatía, hasta un vigilante que, al reconocer la situación, decidió facilitar el ingreso. Entendí que el respeto y la calma también abren puertas.

La operación llegó con ese silencio previo que lo llena todo. Aunque no era un procedimiento complejo, el miedo estuvo presente, real y cercano. Aun así, elegí sostener tranquilidad, porque a veces alguien necesita tu fuerza, incluso cuando tú también estás temblando.

Esa semana se quedó grabada por momentos muy claros:
  1. Llegar al hospital sin saber qué esperar realmente.
  2. Sostener emocionalmente a alguien querido.
  3. Mantener la calma en medio de la incertidumbre.
  4. Valorar el trato humano en situaciones vulnerables.
  5. Acompañar un proceso médico con presencia real.
No fue una semana fácil, pero sí profundamente transformadora. Me mostró una versión de mí que no huye, que se queda y que sostiene incluso en la incertidumbre.

No sé si fue el hospital, el miedo, la calma o ese sábado lleno de vida… pero algo en mí dejó de esperar el momento perfecto.

Cuando la vida también te devuelve ternura 🥹

Mujer compartiendo con niños en centro de acogida.

Desde niña conocí el valor de ayudar a otros. En mi familia, especialmente por influencia de mi papá, el servicio siempre estuvo presente como algo natural, no como obligación, sino como forma de vida. Creo que ese fue uno de los motivos por los que decidí llevar lo que estudié en Educación a algo más.

Con los años, ese aprendizaje creció conmigo. No se quedó solo en intención, sino que se convirtió en acción a través del voluntariado, participando en iniciativas donde la educación y los valores eran el eje principal. Te invito a leer mi artículo “Lo que aprendemos cuando ayudamos 💫🦋” porque el voluntariado enseña sin palabras.

Ese sábado, después de días intensos, llegué a un centro de acogida con compañeros de trabajo de mi novio. Tenía cansancio, sí, pero también decisión. Lo que encontré ahí no fue solo una actividad, fue un recordatorio de lo esencial: conectar.

Los niños tienen una forma única de enseñarte lo importante. No necesitan discursos, solo presencia. Entre pinturas, risas, bailes y momentos simples, todo empezó a sentirse más liviano.

Una hermosa niña de tres años, con su ternura inesperada, se quedó cerca de mí como si nos conociéramos de siempre. En su forma de expresar cariño había algo puro, algo que no se cuestiona, solo se siente. Y sin darme cuenta, ya la había guardado en un lugar importante en mi corazón.

A las horas, me llamaron para decirme que habían dado de alta a mi tío, y justo estábamos cerca. Ese día entendí que todo se conecta, que incluso en semanas difíciles, la vida también sabe devolverte luz. Como si te equilibrara sin que lo pidas, preparándote para dar el siguiente paso.

El día que dejé de esconder lo que escribo 💻

Mujer publicando contenido en laptop con expresión decidida.

No hubo un momento perfecto. No hubo un plan perfecto. Solo hubo una decisión: dejar de esperar. Porque entendí que seguir guardando lo que escribía también era una forma de postergarme a mí misma. Ese sábado, al llegar la noche, tuve el impulso de por fin publicar una novela, ya tenía la página, la intención y las herramientas, solo me faltaba la ejecución.

Publicar mi novela en Amazon KDP no fue solo un proceso técnico, fue un acto emocional. Subir el archivo, revisar detalles, elegir la portada… todo tenía un peso distinto cuando sabes que ya no es solo para ti.

Ese “ya fue” no nació de la impulsividad, sino del cansancio de seguir escondiéndome. De entender que nunca iba a sentirme 100% lista, pero que eso no podía seguir siendo una excusa. Tenía que animarme, tenía que dejar la duda de “qué pasará” o si “gustará a las personas”. Este lunes 23 de marzo hice “clic” en publicar, venciendo miedos, venciendo dudas.

Cuando finalmente lo hice, no sentí tanto miedo como imaginé… sentí calma. Como cuando algo por fin se alinea con quien eres. Sentí conexión, sentí que para eso había nacido, sentí que encontraba mi lugar, ahora solo queda ver cómo avanza el resultado de mi primera novela, pero seguiré escribiendo, seguiré publicando. Sé que llegaré al público correcto.

A veces no necesitas más tiempo. Solo necesitas decidir. Y cuando decides, todo empieza a moverse distinto, a alinearse, a conectar.

El silencio entre los dos 📖

Portada de novela romántica con pareja en escena emocional.

Aquí llega mi primera novela “El Silencio Entre Los Dos”, que cuenta la historia de Adela e Iñaki, quienes no empiezan con promesas, empiezan con acuerdos. Dos personas que deciden no complicarse, que creen poder controlar lo que sienten mientras mantienen una conexión cercana.

Pero hay cosas que no se pueden negociar, como las emociones. Lo que empezó como algo simple se transforma lentamente en un espacio donde el silencio comienza a pesar más de lo que parece. Y hay silencios que duelen más que mil palabras.

Adela siente más de lo que dice. Iñaki entiende menos de lo que cree. Y entre ambos, se construye una distancia que no se ve, pero se siente. Ella huye a España al descubrir algo que Iñaki no le dijo, él no le debía fidelidad, pero sí honestidad. Y ella siente que no podrá afrontar esa omisión de información, por lo que decide irse, pero no solo es salir de ahí, también lleva esperanzas en esa maleta.

El problema nunca fue el amor, fue no saber qué hacer con él. Guardarlo, disfrazarlo, evitarlo… todo eso también tiene un costo. Y cuando Adela se va del país, Iñaki entiende tarde que la amaba más de lo que admitía.

La historia no se trata de perderse en alguien, sino de encontrarse primero. De entender que amar no debería implicar desaparecer o sacrificarse. Adela se reencontró, disfrutó del éxito profesional y personal, logró encontrar tranquilidad.

Nadie debería dejar sus sueños por sostener una relación, por más bonita que parezca. Ni ella por él, ni él por ella. Iñaki se arrepintió de su error, pero siguió avanzando, reencontrándose también para cuando tuviera la oportunidad de arreglar lo que arruinó, ella viera la madurez y tranquilidad que podía ofrecerle sin arruinar lo que ella había construido.

Y quizás por eso esta historia existe. Porque a veces el amor no falla… lo que falla es el silencio. 

Construyendo comunidad 🦋

Mujer escribiendo en espacio creativo con sensación de conexión.

Compartir lo que escribo no termina en una publicación, empieza ahí. Es abrir una puerta para conectar con quienes también sienten, dudan y buscan su propio camino.

Si llegaste hasta aquí, probablemente hay algo en ti que también quiere expresarse. Tal vez no sea escribir, pero sí mostrarse de alguna forma más honesta.

Te invito a seguir explorando más artículos en el blog, donde seguimos construyendo este espacio con propósito. También puedes encontrarme en redes sociales, donde comparto publicaciones sobre diferentes temas y también encontrarás muy pronto el enlace de la novela.

Y si quieres ir más allá, te invito a leer “El Silencio Entre Los Dos”. Porque a veces, una historia puede decirte justo lo que necesitabas escuchar. Te leo en los comentarios.


Nos encontramos en el siguiente artículo 💜.


Rosario S. 🦋
@unalunamotivada
👉 [Notas que inspiran y organizan]

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Cómo organizarnos para apoyar al país? 🌱🌎

El arte de volver a empezar 🦋💫

Organiza una actividad de ayuda social en pasos simples ✨