Procrastinación: ¿por qué dejamos todo para después? ⏳
Sabemos que tenemos algo pendiente, queremos hacerlo y hasta pensamos en empezar, pero encontramos cualquier otra cosa que ocupe ese momento. ¿Por qué postergamos incluso aquello que sabemos que necesitamos hacer?
Buen jueves, querida comunidad 💜
¿Alguna vez has abierto una tarea con la intención de comenzar y, unos minutos después, estás revisando el celular, respondiendo mensajes o haciendo algo que ni siquiera estaba pendiente? Quizás te dices que lo harás más tarde, que primero necesitas ordenar otras cosas o que mañana tendrás más tiempo. Y cuando finalmente miras el reloj, descubres que ese “después” se llevó una buena parte del día.
La procrastinación forma parte de esas experiencias cotidianas que muchas personas reconocemos, aunque no siempre sepamos qué hay detrás de ella. Postergar una tarea no necesariamente significa ser flojos, irresponsables o desorganizados. En muchas ocasiones intervienen factores como el cansancio, el miedo a equivocarnos, el perfeccionismo, la falta de claridad o las emociones que asociamos con aquello que tenemos pendiente.
Por eso, más que convertir este tema en una nueva lista de razones para sentirnos culpables por no haber hecho algo a tiempo, quiero que nos detengamos a comprender qué ocurre cuando postergamos. Entenderlo no significa justificarlo: significa identificar qué está pasando para poder tomar decisiones diferentes cuando aquello que dejamos para después realmente necesita nuestra atención.
¿Qué es procrastinar? 🤯
La procrastinación puede definirse como el retraso voluntario e innecesario de una tarea que sabemos que debemos realizar, aun cuando somos conscientes de que esa demora puede traernos consecuencias negativas. Es decir, no se trata simplemente de esperar porque existe una razón válida para hacerlo, sino de aplazar algo que teníamos intención de realizar.Esto permite diferenciar la procrastinación de algo tan necesario como descansar. Si después de una jornada exigente decides detenerte porque necesitas recuperar energía y estableces conscientemente cuándo continuarás, no necesariamente estás procrastinando. Tampoco lo haces cuando decides reorganizar una tarea porque apareció una prioridad más importante. La diferencia está en que existe una decisión consciente y una razón para posponerla.
La procrastinación aparece cuando sabemos que una actividad es importante, pero aun así elegimos retrasarla sin que exista una verdadera necesidad de hacerlo. Puede ocurrir con asuntos laborales, estudios, trámites, tareas domésticas, proyectos personales e incluso decisiones que sabemos que necesitamos tomar. A veces conocemos perfectamente lo que debemos hacer, pero comenzar se siente más difícil de lo que debería.
Además, la investigación actual plantea que la procrastinación no siempre consiste en evitar la tarea en sí misma. En determinados casos, podemos estar intentando evitar las emociones que esa tarea nos provoca: aburrimiento, frustración, incertidumbre, ansiedad o sensación de incapacidad. Por eso, comprender qué sentimos frente a un pendiente puede ser tan importante como mirar el pendiente mismo.
¿Por qué postergamos? 🧠
Si sabemos que una tarea es importante y conocemos las consecuencias de no hacerla, ¿por qué terminamos haciendo cualquier otra cosa? Una de las explicaciones está en que nuestro cerebro puede valorar más el alivio inmediato que obtenemos al evitar una actividad incómoda que el beneficio que recibiremos cuando finalmente la terminemos. Durante unos minutos podemos sentirnos mejor porque dejamos de enfrentarnos a aquello que nos incomodaba.Aquí profundizamos en una idea mencionada líneas arriba: a veces no estamos evitando la tarea; estamos evitando cómo nos hace sentir esa tarea. Una actividad difícil puede despertar miedo a equivocarnos; una tarea extensa puede generar sensación de agobio; algo aburrido puede hacernos buscar rápidamente una actividad más estimulante. En contextos de estrés, además, nuestra capacidad para afrontar emociones desagradables puede verse reducida, aumentando la vulnerabilidad a postergar.
También pueden intervenir otros factores. Algunas causas o situaciones frecuentes relacionadas con la procrastinación son:
- Miedo a equivocarnos o a no cumplir nuestras propias expectativas.
- Perfeccionismo y necesidad de hacerlo todo de manera ideal.
- Sentir que una tarea es demasiado grande o complicada.
- No tener claro cuál es el primer paso.
- Aburrimiento o baja motivación.
- Cansancio físico o mental.
- Búsqueda de una recompensa inmediata.
- Deseo de evitar una emoción desagradable relacionada con la tarea.
Esto no significa que todas las personas procrastinen por las mismas razones ni que exista una única explicación. La procrastinación es un comportamiento complejo en el que pueden interactuar la motivación, la impulsividad, la regulación emocional, la percepción de dificultad y el contexto en el que nos encontramos.
En mi caso, puedo procrastinar por cansancio físico, que en determinados momentos puede estar relacionado con mi hipotiroidismo. Entonces, así como yo, las demás personas pueden experimentar diferentes motivos. Por ejemplo, podemos tener pendiente una tarea que sabemos realizar perfectamente, pero que nos resulta aburrida. También podemos postergar una actividad que nos entusiasma porque sentimos que no tenemos suficiente tiempo para hacerla como queremos. Incluso podemos evitar comenzar algo porque todavía no sabemos exactamente cómo hacerlo. En cada caso, la acción visible es la misma —postergar—, pero lo que ocurre detrás puede ser completamente diferente.
Antes de etiquetarnos, es necesario observarnos y ser conscientes de lo que sentimos. En vez de decir simplemente “soy procrastinador”, podemos preguntarnos: ¿qué estoy evitando exactamente? Tal vez sea el esfuerzo, el aburrimiento, el miedo a equivocarnos, la sensación de no saber suficiente o simplemente el cansancio acumulado. Esa pregunta puede transformar la manera en que entendemos nuestros propios pendientes.
Una de las primeras estrategias consiste en dejar de pensar en la tarea completa y concentrarnos en la primera acción concreta. “Ordenar toda la casa” puede sentirse enorme; guardar la ropa que está sobre una silla es mucho más específico. “Preparar un informe” puede generar resistencia; abrir el documento y escribir el título es un comienzo. Cuando una tarea deja de ser una idea gigantesca y se convierte en una acción concreta, la barrera inicial puede disminuir.
También podemos establecer condiciones que faciliten el comienzo. Algunas opciones sencillas son:
En mi caso, puedo procrastinar por cansancio físico, que en determinados momentos puede estar relacionado con mi hipotiroidismo. Entonces, así como yo, las demás personas pueden experimentar diferentes motivos. Por ejemplo, podemos tener pendiente una tarea que sabemos realizar perfectamente, pero que nos resulta aburrida. También podemos postergar una actividad que nos entusiasma porque sentimos que no tenemos suficiente tiempo para hacerla como queremos. Incluso podemos evitar comenzar algo porque todavía no sabemos exactamente cómo hacerlo. En cada caso, la acción visible es la misma —postergar—, pero lo que ocurre detrás puede ser completamente diferente.
Antes de etiquetarnos, es necesario observarnos y ser conscientes de lo que sentimos. En vez de decir simplemente “soy procrastinador”, podemos preguntarnos: ¿qué estoy evitando exactamente? Tal vez sea el esfuerzo, el aburrimiento, el miedo a equivocarnos, la sensación de no saber suficiente o simplemente el cansancio acumulado. Esa pregunta puede transformar la manera en que entendemos nuestros propios pendientes.
¿Cómo dejar de postergar? ✋🏽
Comprender por qué procrastinamos es importante, pero no queremos quedarnos solamente en la explicación. Si reconocemos que estamos postergando algo que necesitamos atender, podemos comenzar a modificar la manera en que nos acercamos a esa tarea. No se trata de convertirnos en máquinas de productividad, sino de hacer que actuar resulte un poco más posible.Una de las primeras estrategias consiste en dejar de pensar en la tarea completa y concentrarnos en la primera acción concreta. “Ordenar toda la casa” puede sentirse enorme; guardar la ropa que está sobre una silla es mucho más específico. “Preparar un informe” puede generar resistencia; abrir el documento y escribir el título es un comienzo. Cuando una tarea deja de ser una idea gigantesca y se convierte en una acción concreta, la barrera inicial puede disminuir.
También podemos establecer condiciones que faciliten el comienzo. Algunas opciones sencillas son:
- Definir una hora concreta para iniciar.
- Preparar previamente los materiales que necesitaremos.
- Dividir una tarea extensa en acciones más pequeñas y claras.
- Alejarnos durante un momento de las distracciones más tentadoras.
- Comenzar con un periodo breve de trabajo, sin exigirnos terminar todo.
- Distinguir si necesitamos motivación o simplemente claridad sobre el primer paso.
- Aceptar que una tarea puede quedar bien sin tener que ser perfecta.
Otra estrategia útil es observar la diferencia entre “no quiero hacerlo” y “no sé cómo empezar”. Son situaciones diferentes y requieren respuestas diferentes. Si estamos cansados, quizá necesitemos descansar antes de continuar. Si no sabemos cómo empezar, quizá necesitemos información, instrucciones o ayuda. Si estamos intentando hacerlo perfecto, tal vez necesitemos permitirnos una primera versión imperfecta.
También puede ayudarnos recordar que la motivación no siempre aparece antes de empezar. Muchas veces esperamos sentirnos con ganas para actuar, pero la acción también puede generar motivación. Dar el primer paso puede disminuir la resistencia que sentíamos antes de empezar y permitirnos descubrir que la tarea era más manejable de lo que imaginábamos.
Finalmente, dejar de postergar no significa eliminar todos los momentos en los que decidimos esperar. Habrá días en los que realmente necesitemos descansar, cambiar de actividad o reorganizar nuestras prioridades. La diferencia está en reconocer cuándo estamos tomando una decisión consciente y cuándo estamos utilizando el “después” para escapar de algo que sabemos que necesita nuestra atención.
Hablar de procrastinación también puede ayudarnos a dejar de mirarnos con tanta dureza. Muchas personas hemos experimentado esa sensación de saber que tenemos algo pendiente y, aun así, no conseguir comenzar.
Reconocer que es una experiencia humana no elimina nuestra responsabilidad, pero sí puede permitirnos observarla con mayor claridad y buscar estrategias que realmente nos ayuden. Y recordemos que no siempre tenemos que enfrentar nuestros pendientes en soledad. Compartir con alguien más o pedir ayuda puede cambiar nuestra manera de enfrentarlo.
Organizar nuestra vida tampoco significa tener cada minuto perfectamente controlado. Significa reconocer qué necesita nuestra atención, distinguir lo urgente de lo importante y aprender a darle un espacio a aquello que queremos construir. Y así cuando pensemos en dejar para después algo, podemos preguntarnos qué hay realmente detrás de ese pensamiento.
Nos encontramos en un siguiente artículo 💜
Rosario S. 🦋
También puede ayudarnos recordar que la motivación no siempre aparece antes de empezar. Muchas veces esperamos sentirnos con ganas para actuar, pero la acción también puede generar motivación. Dar el primer paso puede disminuir la resistencia que sentíamos antes de empezar y permitirnos descubrir que la tarea era más manejable de lo que imaginábamos.
Finalmente, dejar de postergar no significa eliminar todos los momentos en los que decidimos esperar. Habrá días en los que realmente necesitemos descansar, cambiar de actividad o reorganizar nuestras prioridades. La diferencia está en reconocer cuándo estamos tomando una decisión consciente y cuándo estamos utilizando el “después” para escapar de algo que sabemos que necesita nuestra atención.
Construyendo comunidad 🦋
Hablar de procrastinación también puede ayudarnos a dejar de mirarnos con tanta dureza. Muchas personas hemos experimentado esa sensación de saber que tenemos algo pendiente y, aun así, no conseguir comenzar.
Reconocer que es una experiencia humana no elimina nuestra responsabilidad, pero sí puede permitirnos observarla con mayor claridad y buscar estrategias que realmente nos ayuden. Y recordemos que no siempre tenemos que enfrentar nuestros pendientes en soledad. Compartir con alguien más o pedir ayuda puede cambiar nuestra manera de enfrentarlo.
Organizar nuestra vida tampoco significa tener cada minuto perfectamente controlado. Significa reconocer qué necesita nuestra atención, distinguir lo urgente de lo importante y aprender a darle un espacio a aquello que queremos construir. Y así cuando pensemos en dejar para después algo, podemos preguntarnos qué hay realmente detrás de ese pensamiento.
👉🏽 Y quiero leerte: ¿Qué es eso que llevas tiempo dejando para después y sabes que ya es momento de comenzar?
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