Cambios en la adultez: aprender a conocernos de nuevo 💫
A medida que pasan los años, no solo cambia nuestra forma de pensar: también cambian nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras prioridades y la manera en que queremos vivir. Y aprender a reconocer esos cambios también es una forma de conocernos nuevamente.
Buen martes, querida comunidad 💜
Hay etapas de la vida en las que comenzamos a notar que algunas cosas ya no son exactamente como antes. Quizás tenemos una energía diferente, necesitamos prestar más atención al descanso o descubrimos que aquello que antes tolerábamos con facilidad hoy nos afecta de otra manera. También puede cambiar nuestra forma de relacionarnos, de organizar nuestro tiempo y hasta aquello que consideramos importante.
En las mujeres, además, la adultez puede traer cambios relacionados con nuestro ciclo menstrual y con las distintas etapas hormonales que atravesamos. Al acercarnos a los 40, algunas podemos empezar a notar modificaciones en nuestros períodos, cambios en el sueño, sensación de calor, variaciones en el estado de ánimo o una manera diferente de experimentar nuestra energía. Estos cambios no significan necesariamente que todas estemos atravesando la misma etapa ni que exista una única manera de vivirla. Cada cuerpo tiene su propio ritmo.
Pero hablar de los cambios con la edad no debería reducirse solamente a lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo. También estamos cambiando internamente a nivel emocional: aprendemos a reconocer qué queremos, qué ya no estamos dispuestas a aceptar, cuánto valoramos nuestro tiempo y qué lugar queremos darle a nuestra vida personal. Quizás crecer también consiste en dejar de intentar ser quienes fuimos y comenzar a conocer quiénes somos ahora.
En las mujeres, una de las transformaciones que puede aparecer durante la mediana edad está relacionada con la transición hacia la menopausia. La etapa previa, conocida como perimenopausia, puede comenzar varios años antes de que desaparezcan definitivamente los períodos menstruales. Durante este proceso algunas mujeres experimentan ciclos irregulares, sofocos, sudores nocturnos, dificultades para dormir, cambios de ánimo u otras modificaciones físicas. Sin embargo, la experiencia es muy variable y no todas presentamos los mismos síntomas.
Hay una antigua creencia que decía que, como fue la menopausia de nuestras abuelas y madres, así sería la nuestra. Pero esto es un mito, porque, aunque compartamos historia y unión sanguínea, los síntomas que experimentes pueden no ser los mismos que los de tu abuelita o mamá. Yo aún no llego a la perimenopausia, pero mis ciclos menstruales son muy distintos a los de mi madre y los de ella fueron muy distintos a los de mi abuela. Y por experiencia con una familia con mayoría femenina, puedo decir que no experimentamos los mismos síntomas ni cambios hormonales; cada una vive los suyos.
Algo importante que nos puede pasar es comenzar a notar que necesitamos cuidar de otra manera aspectos que antes quizás no tenían tanta presencia en nuestra rutina. El descanso, la alimentación, el movimiento, la hidratación y los controles preventivos adquieren un significado diferente cuando comprendemos que cuidar nuestro cuerpo no consiste únicamente en reaccionar cuando algo nos duele. Empezamos a comprender que nuestras necesidades también pueden ser diferentes según la etapa de la vida en la que nos encontremos.
Por eso, consultar con profesionales de la salud también forma parte de conocernos. Una visita ginecológica puede ayudarnos a conversar sobre cambios en nuestro ciclo o síntomas que nos preocupan, mientras que otros controles pueden ser necesarios según nuestra historia personal y nuestras condiciones de salud; en mi caso, mi control con el endocrinólogo. La prevención y la atención oportuna nos permiten tomar decisiones con mayor información, en lugar de esperar a que algo interfiera seriamente con nuestra vida cotidiana. Tip importante: presta atención a tu hemoglobina, especialmente si en los últimos meses has tenido menstruaciones abundantes.
Y a continuación, comparto algunos síntomas que pueden presentarse durante la transición a la menopausia. No a todas nos sucede lo mismo, pero algunos de ellos pueden ser:
Y aquí también hay algo importante: no todo lo que sentimos debe atribuirse automáticamente a la edad. Cansancio, cambios en el sueño, alteraciones del estado de ánimo u otras molestias pueden tener diferentes causas. Escuchar nuestro cuerpo también significa evitar los diagnósticos improvisados y buscar orientación cuando algo cambia o persiste. No es solo ir al ginecólogo; también podemos acudir al endocrinólogo o al psicólogo, pero dos o tres “logos” pueden ayudarnos.
En esta etapa podemos descubrir que cuidar nuestra salud ya no consiste en exigirle a nuestro cuerpo que funcione como cuando teníamos veinte años. Quizás consiste en aprender a reconocer qué necesita hoy y responder con mayor atención. No se trata de luchar contra el paso del tiempo, sino de acompañar nuestro cuerpo mientras continúa cambiando.
Los cambios de la adultez tampoco ocurren únicamente frente al espejo o durante una consulta médica. También aparecen cuando comenzamos a preguntarnos qué queremos hacer con nuestro tiempo, nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana.
Quizás antes sentíamos que teníamos que estar disponibles para todo el mundo. Con los años podemos descubrir que necesitamos establecer límites, reservar momentos para descansar o simplemente hacer espacio para actividades que disfrutamos. No necesariamente porque nos hayamos vuelto más egoístas, sino porque comenzamos a comprender que nuestro tiempo y nuestra energía también tienen valor.
A veces las prioridades cambian de manera inesperada. Lo que antes parecía urgente puede dejar de serlo, mientras que una conversación tranquila, una salida, un viaje, una tarde sin obligaciones o un momento para nosotros mismos pueden adquirir una importancia que antes no tenían.
También pueden cambiar nuestras relaciones. Algunas amistades se fortalecen, otras toman distancia o llegan nuevas que terminan siendo necesarias y mejores de lo que pensamos. Y en ciertos momentos podemos descubrir que necesitamos rodearnos de personas con quienes podamos ser nosotros mismos, sin sentir que tenemos que demostrar constantemente algo. Y aquí quiero agradecer a mi "Team Carpa"; ellos saben quiénes son. La adultez también puede enseñarnos que no todas las relaciones tienen que permanecer iguales para haber sido importantes.
Y quizás una de las transformaciones más interesantes sea la relación que construimos con nosotros mismos. Con más experiencias acumuladas, podemos mirar hacia atrás y comprender decisiones que antes no entendíamos, reconocer errores sin quedarnos atrapados en ellos y aceptar que nuestra historia tiene etapas que no necesitan compararse entre sí. Hoy en día quizás ya no vamos a aceptar algo que antes sí, porque aprendimos con la experiencia y también comprendemos que salir de ciertos lugares puede ser lo mejor para nosotros. No dejemos de escucharnos.
Llegar a una nueva década tampoco significa tener todas las respuestas. Podemos seguir teniendo dudas, proyectos pendientes, deseos nuevos y cosas que queremos aprender. La diferencia está en que quizás ya no necesitamos construir nuestra vida siguiendo exactamente el mismo mapa que utilizábamos antes. La edad solo es un número, y los sueños y metas jamás caducan. No hay una edad determinada para alcanzar aquello que deseamos.
Crecer también puede significar permitirnos disfrutar más. Salir, viajar, aprender algo nuevo, pasar tiempo con quienes queremos, recuperar una afición o simplemente tener una tarde para nosotros no son actividades que debamos justificar. Nuestra vida no tiene que estar compuesta únicamente de responsabilidades para tener valor.
Los cambios que vivimos en la adultez no tienen una única forma ni ocurren al mismo ritmo. Nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestras prioridades pueden transformarse, y aprender a reconocer esa nueva realidad también forma parte de conocernos.
No se trata de luchar contra los años, sino de escucharnos, cuidar lo que necesitamos y permitirnos elegir de acuerdo con la persona que somos hoy. Cada etapa puede mostrarnos algo nuevo sobre nosotros mismos.
En las mujeres, además, la adultez puede traer cambios relacionados con nuestro ciclo menstrual y con las distintas etapas hormonales que atravesamos. Al acercarnos a los 40, algunas podemos empezar a notar modificaciones en nuestros períodos, cambios en el sueño, sensación de calor, variaciones en el estado de ánimo o una manera diferente de experimentar nuestra energía. Estos cambios no significan necesariamente que todas estemos atravesando la misma etapa ni que exista una única manera de vivirla. Cada cuerpo tiene su propio ritmo.
Pero hablar de los cambios con la edad no debería reducirse solamente a lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo. También estamos cambiando internamente a nivel emocional: aprendemos a reconocer qué queremos, qué ya no estamos dispuestas a aceptar, cuánto valoramos nuestro tiempo y qué lugar queremos darle a nuestra vida personal. Quizás crecer también consiste en dejar de intentar ser quienes fuimos y comenzar a conocer quiénes somos ahora.
Nuestro cuerpo también cambia 🌸
Con los años, nuestro cuerpo atraviesa diferentes transformaciones y aprender a escucharlo puede convertirse en una parte importante de nuestro bienestar. No significa vivir pendientes de cada sensación ni interpretar cualquier cambio como una señal de alarma. Significa prestar atención y reconocer que nuestras necesidades también pueden cambiar con el tiempo.En las mujeres, una de las transformaciones que puede aparecer durante la mediana edad está relacionada con la transición hacia la menopausia. La etapa previa, conocida como perimenopausia, puede comenzar varios años antes de que desaparezcan definitivamente los períodos menstruales. Durante este proceso algunas mujeres experimentan ciclos irregulares, sofocos, sudores nocturnos, dificultades para dormir, cambios de ánimo u otras modificaciones físicas. Sin embargo, la experiencia es muy variable y no todas presentamos los mismos síntomas.
Hay una antigua creencia que decía que, como fue la menopausia de nuestras abuelas y madres, así sería la nuestra. Pero esto es un mito, porque, aunque compartamos historia y unión sanguínea, los síntomas que experimentes pueden no ser los mismos que los de tu abuelita o mamá. Yo aún no llego a la perimenopausia, pero mis ciclos menstruales son muy distintos a los de mi madre y los de ella fueron muy distintos a los de mi abuela. Y por experiencia con una familia con mayoría femenina, puedo decir que no experimentamos los mismos síntomas ni cambios hormonales; cada una vive los suyos.
Algo importante que nos puede pasar es comenzar a notar que necesitamos cuidar de otra manera aspectos que antes quizás no tenían tanta presencia en nuestra rutina. El descanso, la alimentación, el movimiento, la hidratación y los controles preventivos adquieren un significado diferente cuando comprendemos que cuidar nuestro cuerpo no consiste únicamente en reaccionar cuando algo nos duele. Empezamos a comprender que nuestras necesidades también pueden ser diferentes según la etapa de la vida en la que nos encontremos.
Por eso, consultar con profesionales de la salud también forma parte de conocernos. Una visita ginecológica puede ayudarnos a conversar sobre cambios en nuestro ciclo o síntomas que nos preocupan, mientras que otros controles pueden ser necesarios según nuestra historia personal y nuestras condiciones de salud; en mi caso, mi control con el endocrinólogo. La prevención y la atención oportuna nos permiten tomar decisiones con mayor información, en lugar de esperar a que algo interfiera seriamente con nuestra vida cotidiana. Tip importante: presta atención a tu hemoglobina, especialmente si en los últimos meses has tenido menstruaciones abundantes.
Y a continuación, comparto algunos síntomas que pueden presentarse durante la transición a la menopausia. No a todas nos sucede lo mismo, pero algunos de ellos pueden ser:
- Cambios en el ciclo menstrual: períodos más cortos o largos, más o menos abundantes o ciclos irregulares.
- Sofocos o sensación repentina de calor, que también pueden aparecer durante la noche.
- Sudoración nocturna y dificultades para dormir.
- Cansancio o cambios en los niveles de energía.
- Cambios de humor, irritabilidad o mayor sensibilidad emocional.
- Dificultad para concentrarse u olvidos más frecuentes.
- Cambios urinarios, como mayor necesidad de orinar o pérdidas de orina.
- Sequedad vaginal o molestias durante las relaciones sexuales.
En esta etapa podemos descubrir que cuidar nuestra salud ya no consiste en exigirle a nuestro cuerpo que funcione como cuando teníamos veinte años. Quizás consiste en aprender a reconocer qué necesita hoy y responder con mayor atención. No se trata de luchar contra el paso del tiempo, sino de acompañar nuestro cuerpo mientras continúa cambiando.
Crecer también es elegir diferente ✨
Los cambios de la adultez tampoco ocurren únicamente frente al espejo o durante una consulta médica. También aparecen cuando comenzamos a preguntarnos qué queremos hacer con nuestro tiempo, nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana.
Quizás antes sentíamos que teníamos que estar disponibles para todo el mundo. Con los años podemos descubrir que necesitamos establecer límites, reservar momentos para descansar o simplemente hacer espacio para actividades que disfrutamos. No necesariamente porque nos hayamos vuelto más egoístas, sino porque comenzamos a comprender que nuestro tiempo y nuestra energía también tienen valor.
A veces las prioridades cambian de manera inesperada. Lo que antes parecía urgente puede dejar de serlo, mientras que una conversación tranquila, una salida, un viaje, una tarde sin obligaciones o un momento para nosotros mismos pueden adquirir una importancia que antes no tenían.
También pueden cambiar nuestras relaciones. Algunas amistades se fortalecen, otras toman distancia o llegan nuevas que terminan siendo necesarias y mejores de lo que pensamos. Y en ciertos momentos podemos descubrir que necesitamos rodearnos de personas con quienes podamos ser nosotros mismos, sin sentir que tenemos que demostrar constantemente algo. Y aquí quiero agradecer a mi "Team Carpa"; ellos saben quiénes son. La adultez también puede enseñarnos que no todas las relaciones tienen que permanecer iguales para haber sido importantes.
Y quizás una de las transformaciones más interesantes sea la relación que construimos con nosotros mismos. Con más experiencias acumuladas, podemos mirar hacia atrás y comprender decisiones que antes no entendíamos, reconocer errores sin quedarnos atrapados en ellos y aceptar que nuestra historia tiene etapas que no necesitan compararse entre sí. Hoy en día quizás ya no vamos a aceptar algo que antes sí, porque aprendimos con la experiencia y también comprendemos que salir de ciertos lugares puede ser lo mejor para nosotros. No dejemos de escucharnos.
Llegar a una nueva década tampoco significa tener todas las respuestas. Podemos seguir teniendo dudas, proyectos pendientes, deseos nuevos y cosas que queremos aprender. La diferencia está en que quizás ya no necesitamos construir nuestra vida siguiendo exactamente el mismo mapa que utilizábamos antes. La edad solo es un número, y los sueños y metas jamás caducan. No hay una edad determinada para alcanzar aquello que deseamos.
Crecer también puede significar permitirnos disfrutar más. Salir, viajar, aprender algo nuevo, pasar tiempo con quienes queremos, recuperar una afición o simplemente tener una tarde para nosotros no son actividades que debamos justificar. Nuestra vida no tiene que estar compuesta únicamente de responsabilidades para tener valor.
Construyendo comunidad 🦋
Los cambios que vivimos en la adultez no tienen una única forma ni ocurren al mismo ritmo. Nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestras prioridades pueden transformarse, y aprender a reconocer esa nueva realidad también forma parte de conocernos.
No se trata de luchar contra los años, sino de escucharnos, cuidar lo que necesitamos y permitirnos elegir de acuerdo con la persona que somos hoy. Cada etapa puede mostrarnos algo nuevo sobre nosotros mismos.




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